Representaciones, cambio social y concursos de belleza

Una representación idealizada de la mujer venezolana es usual en la artesanía que combina lo popular con el discurso de los concursos de belleza 

Pese a su “frivolidad”, el concurso Miss Venezuela ha generado cambios en la mentalidad de la población: la modificación del cuerpo como práctica cotidiana, la creencia en la superioridad de la belleza de la mujer venezolana y una autorepresentación distante de la realidad fenotípica con insinuaciones de “identidad nacional”

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Algunas prácticas colectivas, a veces consideradas frívolas e intrascendentes, suelen decirnos mucho más sobre el comportamiento real de la gente que ciertos hechos y procesos políticos, incluso son generadoras de más cambios que las hipotéticas revoluciones políticas.  

Es el caso del concurso Miss Venezuela, un fenómeno cultural en apariencia inofensivo. Con casi cincuenta años de vida, este concurso ha contribuido a cambiar modos de pensamiento y actitudes en el grueso de la población, pero además, ha preparado a esa población para adaptarse a la permanente noción de cambio en aspectos de la vida tales como el cuerpo, la autoestima y la autorepresentación. 

En efecto, este concurso impulsó toda una subcultura de la belleza que ha tenido un enorme impacto en la proliferación de cirugías y tratamientos estéticos detrás de los cuales se esconden aspectos nada despreciables: primero, que no pocas mujeres venezolanas nieguen sus rasgos naturales, y, segundo, que busquen modificarlos casi al precio que sea.

Es una práctica también extendida en países como Brasil, Argentina y Colombia, que no existía hace varias décadas, cuando Fidel Castro llegó al poder (1959), época en la que la flamante ganadora del Miss Venezuela no acudía al quirófano para alterar su estampa, ni sentía ser la representante de una casta de mujeres “superiores”, que casi no tenían competencia en el planeta. Por aquellos tiempos la reina era una señorita más o menos rellenita, de estatura mediana, con escaso maquillaje y poco pretenciosa.

Y hay más. Este concurso ha sembrado en la población la idea de aceptar la transformación artificial del cuerpo como una característica natural de los tiempos que vivimos y vendrán, lo cual, por cierto, pudiera anticipar las transformaciones de mayor envergadura que ya se anuncian para el futuro. Nos referimos a la colocación de chips dentro del organismo, cirugías y trasplantes más radicales, entre otras modalidades que inauguran una nueva etapa en el largo caminar del homo sapiens. Una nueva etapa jamás pensada por Lenin o el Che Guevara, por Emiliano Zapata o Marulanda; un mundo soñado por futuristas, legitimado por el incontenible avance de la medicina, la ciencia, la tecnología y la imaginación desbordada.

El concurso Miss Venezuela (al igual que los certámenes homólogos realizados en Colombia, Brasil, Argentina) dejó sembrada la idea de modificar el cuerpo como una práctica cotidiana, normal, que luce muy atractiva en los tiempos que vienen. Fue un cambio sin gritos, sin balas, sin derramamiento de sangre, una mudanza más contundente y duradera que la metamorfosis insinuada por supuestas revoluciones políticas y sociales que en el fondo no cambian nada, aunque sacrifican miles de vidas, tiempo, propaganda y dinero. 

Las reinas de belleza se han convertido en parte de la "identidad nacional"
Hay revoluciones políticas que no cambian nada, es lo que acontece con la denominada Revolución Bolivariana, proceso que parece estar llegando a su fin tras la brutal caída de los precios del petróleo y el agotamiento de su oferta de expectativas para las grandes mayorías.  Este proceso no ha logrado cambiar aspectos medulares de la sociedad venezolana, por el contrario, ha profundizado valores y rituales muy tradicionales: el rentismo petrolero, el estatismo, el culto a Bolívar, el militarismo y el populismo

En un momento la Revolución Bolivariana pretendió modificar esta subcultura de la belleza impulsada por el Miss Venezuela y la economía mundial de los cosméticos y las cirugías, al establecer reglas severas para la importación de productos del sector y criticar duramente la estética de las pasarelas. También promovió una suerte de “mujer socialista” de rasgos e imagen muy distintos a los estereotipos clásicos de mujeres esbeltas que predominan en el discurso del Miss Venezuela y los medios. Pero a la larga todo siguió como antes: la “frivolidad” continúa reinando, a su manera, para bien o para mal.


El Nuevo País (a la izquierda), periódico de oposición al chavismo, nos muestra un estereotipo clásico de reina de belleza, de mujer sexy, propia de la industria de los cosméticos, los tratamientos estéticos, el gimnasio y las cirugías. El Diario Vea (a la derecha), inscrito en la corriente chavista, exalta a la mujer socialista, muy distinta a la anterior en los rasgos y los atuendos. 

Otros cambios

Otros de los cambios generados por el Miss Venezuela tampoco son despreciables: en primer lugar, los venezolanos piensan que sus compatriotas son las mujeres más hermosas del mundo, que son “superiores” a sus homólogas de otras latitudes.  Esta creencia etnocentrista nació de los numerosos títulos conquistados por sus reinas de belleza en diferentes concursos internacionales. Se trata de una poderosa creencia, de una autopercepción y una autoimagen muy arraigada en la población, al punto que para muchos venezolanos es parte de la identidad nacional.

Lo curioso es que el Miss Venezuela, al menos en lo interno de la sociedad, sirvió como mecanismo para prolongar y encauzar la discriminación étnica o “racial” de una manera disfrazada y  elegante. Los numeritos no mienten.  Casi todas las chicas que se han alzado con la corona pueden ser catalogadas de blancas, mestizas, menos de “afrovenezolanas”, porque la piel “negra” brilla por su ausencia en este certamen. En Colombia y otros países sucede más o menos lo mismo. El chavismo en parte denunció estas prácticas y estableció la Ley Orgánica contra la Discriminación Racial (2011) para superarlas, pero no logró las ansiadas modificaciones de la conducta.

En este aspecto no se puede hablar de cambio social ni nada por el estilo. El concurso lo que hizo fue dar un nuevo ropaje a un viejo problema que en parte fue heredado de los tiempos coloniales.

El concurso Miss Venezuela también es una representación de una mujer formateada, que existe en la publicidad, en el mercadeo, en la televisión, cuyos rasgos no son los que predominan en el grueso de la población. Pero eso no puede ser visto necesariamente a través de juicios de valor. Se trata de una autorepresentación que busca exaltar unos atributos o supuestos atributos, y ocultar algunas flaquezas individuales y colectivas.

En los últimos años, el Miss Venezuela ha perdido fuerza en materia de publicidad, producción e inversión económica, pero sigue ganando terreno en el plano de las representaciones sociales. Salió de la pantalla chica y pasó a ser una opción en las representaciones y autorepresentaciones de las mises (y de la mujer venezolana) construidas en la artesanía popular, o tal vez no tan popular, que entremezcla el mercadeo, la cultura mediática, la realidad y la ilusión.  





Díaz Rangel y la lucha por la libertad de expresión



El tema de la libertad de expresión en Venezuela ha copado la atención de la opinión pública internacional. Algunos expertos como Carlos Correa y Marcelino Bisbal consideran que esta libertad ha sido cercenada en los últimos años, debido principalmente a las presiones gubernamentales. Otros, entre ellos el periodista Eleazar Díaz Rangel, recientemente señalaron que dicha libertad no estaba amenazada en el país.

Díaz Rangel, quien se desempeña como director de Ultimas Noticias, siempre fue un defensor a ultranza de la libertad de expresión. Ese era su leit motiv en la cátedra de Teoría de la Información que dictaba en la Escuela de Comunicación Social (UCV), hace varios lustros.

En un discurso que pronunció en 1969, publicado por la Asociación Venezolana de Periodistas (AVP), dejó algunas consideraciones que pueden dejar perplejos a muchos en la actualidad, debido a la posición que ha sostenido sobre esta materia en los últimos tiempos:  

“Cuando se lucha contra el Estado, como factor que afecta, restringe o mutila la libertad de expresión, sabemos bien contra quien luchamos, no vacilamos en cuanto a los métodos de lucha, la gente nos comprende bien, no es necesario explicar qué significa una junta de censura  ni buscar apoyo para pedir la libertad de un periodista o para protestar para la clausura de un periódico o por el atropello a un fotógrafo…el gremio está acerado en estos combates que desde 1936 viene librando en forma organizada y permanente; ha obtenido importantes victorias, ha obligado a gobiernos a retroceder en sus intentos de hacer aprobar leyes de prensa. En una palabra, estamos preparados para ese enfrentamiento”.

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Tomado de ¿Existe en Venezuela la Libertad de Prensa? Ediciones de la AVP, Distrito Federal, 1969, pp. 15 y 16.

La otra cara de las transnacionales petroleras

Campo petrolero en  el estado Zulia, entre los años veinte y treinta del siglo XX

Quedarse con el estereotipo del “ave de rapiña” es como congelar la historia y ver las cosas desde un ángulo interesado y trasnochado

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En la historia venezolana y latinoamericana es palpable la presencia de un poderoso estereotipo respecto a las empresas transnacionales que participaron en la explotación del petróleo en el siglo XX. Un estereotipo  que todavía persiste en algunos públicos, que las pinta principalmente como  voraces aves de rapiña que saquearon los recursos de las naciones latinoamericanas, a las que además dejaron pocos beneficios. Una imagen congelada que ha viajado hasta nuestros días.

Como sabemos, en los comienzos de la era petrolera en Venezuela, por citar un caso emblemático en la región, no faltaron las triquiñuelas en las que participaron habilidosos representantes de las compañías transnacionales y ambiciosos funcionarios de Estado, entre ellos el propio general Juan Vicente Gómez, presidente de la república entre 1908 y 1935, que lograron grandes e ilícitos beneficios personales  a costa de la explotación del denominado oro negro.

En parte, estos turbios manejos se explican porque en Venezuela se sabía poco de petróleo, no había un conocimiento técnico sobre la explotación y administración del valioso recurso, por lo cual se dieron todo tipo de jugarretas, entre ellas las célebres ventas de concesiones otorgadas por el Estado a particulares, a través de las cuales muchos se enriquecieron. 

Pero sería erróneo poner la mirada únicamente en los negocios turbios, y en lo que cierto discurso ha denominado “saqueo de la nación”, como también sería absurdo quedarse en aquel momento histórico y cerrarse a los nuevos horizontes que surgieron en la evolución de esta industria.

Además de meterle el hombro al petróleo, con su conocimiento, tecnología y recursos a granel, las empresas transnacionales desarrollaron iniciativas que permitieron mejorar la calidad de vida de la población local, a través de la construcción de viviendas, centros de salud, campos deportivos y escuelas. Igualmente dieron incentivos a la actividad cultural, las artes plásticas, la música, entre otros quehaceres que estaban en condiciones paupérrimas y eran ignorados en un país rural, analfabeta, campesino, que poco a poco iba incorporándose a la modernidad. La legendaria revista El Farol, entre otras publicaciones de la industria petrolera venezolana, recoge valiosos testimonios sobre el surgimiento de estos nuevos y alentadores horizontes.   

El hecho de que durante décadas un vasto sector de la población venezolana no recibiera importantes beneficios de la explotación petrolera es un problema que no puede atribuirse principalmente o exclusivamente a las transnacionales del oro negro. Se debió, en gran medida, a que el Estado venezolano no estableció reglas claras que profundizaran la relación entre la nueva fuente de riqueza y la prosperidad de la colectividad. Y se debió, también, a que los gobiernos de turno no administraron en forma eficiente esa riqueza. De manera que endosarle la responsabilidad de la pobreza a las transnacionales es simplemente una argucia de un discurso interesado.

En México, la empresa estatal PEMEX, hundida durante años en corruptelas y malos manejos administrativos, advertida por la caída de las reservas petroleras mexicanas y el complejo  mercado petrolero internacional, volverá a ser socia de compañías  transnacionales maltratadas en el discurso ultra nacionalista de ayer. No le queda otra salida. Lo entendieron: las transnacionales son necesarias en el complejo negocio petrolero, porque manejan recursos y experiencia. El secreto está en crear reglas claras que beneficien a las partes, a la colectividad, y en administrar en forma acertada los frutos del negocio.

La experiencia ha demostrado que en el negocio petrolero no siempre los nacionalismos radicales dieron los mejores frutos a la colectividad, y que puede ser más provechoso para esa colectividad la explotación del petróleo por parte de una empresa privada (nacional o transnacional) que produce, rinde cuentas y beneficios a una país, que una empresa pública “nacionalista”, corrupta y quebrada, confiscada por el partido de gobierno, que bajo la excusa de ser muy soberana y muy patriota, dilapida la riqueza y no rinde cuentas a nadie.  

Las petroleras fueron clave en la modernización del Venezuela. Sería absurdo obviarlo. Quedarse con el estereotipo del ave de rapiña es como congelar la historia y ver las cosas desde un ángulo interesado y trasnochado. 

¿Cuándo llegará la tecnología a los colegios?




La tiza y el pizarrón siguen mandando en un sistema de enseñanza                                                               que parece estar de espaldas al progreso             

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Es la pregunta que se hacen millones de bachilleres y miles de docentes, en Venezuela y en otros países de América Latina. Parece sacada de los escritos de Alvin Toffler sobre el futuro, cocinados  hace más de cuatro décadas, cuando comenzaban a estrenarse los juegos de vídeo pero nadie pensaba en una red como Internet, que cambiaría muchas cosas en el planeta.  

En un mundo cada vez más sumergido en las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), donde buena parte de la vida cotidiana se expresa y resuelve mediante el uso de dispositivos electrónicos tipo teléfonos celulares, computadores portátiles, miles de planteles educativos públicos y privados  siguen anclados en el pasado, en lo que perfectamente podríamos denominar la era de la tiza y el pizarrón.

Es una era que se niega a morir, como se negaron a morir los dinosaurios,  y todas esas etapas por las que ha atravesado el planeta  antes de llegar a donde estamos.

La tiza y el pizarrón se sienten capaces de vencer a las tablets, Internet  y cientos de dispositivos de última generación. Están librando una batalla feroz contra el progreso y no les ha ido mal.

Nos recuerdan a los fantásticos Ewoks, quienes con palos y piedras derrotaron a las poderosas tropas imperiales de Darth Vader, en la batalla de Endor (en la Guerra de las Galaxias) armadas con sofisticadas  naves y pistolas de láser. 

Nosotros no somos los Ewoks. Tampoco el sistema educativo venezolano lo dirigen los Ewoks. Pero con palos y piedras no vamos a llegar muy lejos. En algún momento debemos dar el salto cualitativo, el salto tecnológico, ponernos al día. Salir de la tiza y el pizarrón.

La tiza tiene sus méritos, un legado trascendente. Nadie lo niega. Pero creo que llegó la hora de que pase al Museo de Historia Natural, a codearse con un mamut o un  artefacto del paleolítico, a mostrarnos su génesis, su historia, su desenlace, su antecedente más remoto, ese viejo carbón quemado que usó el homo sapiens para plasmar algunos grafismos en las superficies rupestres, mucho antes de que apareciera el computador….



Desde luego que la enseñanza no descansa únicamente en las nuevas tecnologías, en los aparatitos, en los artefactos que se crearán a diestra y siniestra en las próximas décadas.  Hay que tomar en cuenta los objetivos, los contenidos, las estrategias didácticas, pero no se puede hacer resistencia a esta ola tecnológica que está cambiando la forma de acceder al conocimiento, en un clic, que incluso podría acabar con la clase presencial y otros conceptos tradicionales

Para gran parte de la población se hace cuesta arriba acceder a las nuevas tecnologías, pero en algún momento habrá que dar el paso. 

Comunicación Social al borde del abismo


La profesión está amenazada por la crisis económica, las presiones a empresas del sector, las nuevas tecnologías  y el desempleo, pero entre 30 mil y 40 mil jóvenes estudian la carrera, según cifras extraoficiales 

El proyecto de ley que propone que "cualquiera es comunicador" podría ser otro duro golpe


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La carrera comunicación social ha entrado en una fase crítica en Venezuela, porque su futuro luce más incierto que nunca, a pesar de los 30 mil  o más estudiantes que la cursan en universidades. Está al borde del abismo.  

La crisis económica, la escasez de dólares y las presiones políticas han afectado la estabilidad de las empresas del sector, así como la disminución de oportunidades de trabajo para miles de egresados de universidades. 

A ello hay que el auge de las nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), las cuales impulsan el surgimiento de "periodistas ciudadanos" y ponen en entredicho, aunque de manera parcial, la profesión de comunicador social.

¿Qué es un comunicador social? ¿Cómo se diferencia de un ciudadano cualquiera? ¿Cómo se diferencia de un don nadie que edita un blog, un portal, que produce vídeos y los difunde? ¿Qué tan especializado es un comunicador social? ¿La comunicación social es simplemente un oficio que puede aprenderse en una serie de cursos básicos?

Estas y muchas preguntas más rondan en un ambiente sumergido en incertidumbre.


Miles de comunicadores...

En el año 2008 más de 28 mil jóvenes estudiaban comunicación social en diferentes universidades del país, según reveló una investigación de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). (1) 

Pero esta cifra podría seguir creciendo, debido a que para algunas instituciones privadas esta carrera es simplemente una fuente de ingresos nada despreciable, por su alta demanda entre los jóvenes. Entre expertos del sector se comenta de manera informal que probablemente haya entre 30 mil o 40 mil jóvenes cursando estos estudios.  

Un estudio  realizado en 2010 por la UCAB, determinó que en las 17 escuelas de comunicación social que hay en el país, había 47 mil estudiantes inscritos, de los cuales miles ya egresaron. (2) 

El catedrático Antonio Pasquali, experto en el área por casi medio siglo y reconocido en la comunidad internacional, planteó una idea controvertida a Prodavinci. Que las escuelas de comunicación social sean cerradas, repensadas y refundadas. (3) 

En una entrevista a ese medio, expresó: “Creo que en América Latina existe un gran drama. Tenemos casi 2.500 escuelas de comunicación social en todo el continente y eso es terrible, porque terminan repitiéndose las unas a las otras. Hay que reformarlo todo. Tengo diez años diciéndolo: hay que cerrar las escuelas de comunicación y refundarlas”.

Pasquali mostró su visión del problema: “Mi visión es que podrán entrar sólo gente con un título universitario como médicos, abogados, historiadores, literatos, semiólogos, aviadores, cirujanos, etcétera, que tengan el interés de querer comunicar lo que ellos saben será una especialización más”.



Cualquiera...

Recientemente el editor Gastón Guisandes presentó a la subcomisión de medios de la Asamblea Nacional otro elemento que añade más leña al fogón: el Proyecto de Ley de la Comunicación Social, el cual   prácticamente establece en su artículo 2  que cualquiera puede ser comunicador social”. (4) Esto supone que no es necesario cursar estudios en la universidad. 

Ardió Troya. La propuesta no prosperó, por ahora, y fue rechazada por periodistas, el Colegio Nacional de Periodistas, especialistas del sector, estudiantes universitarios, entre otros dolientes.

Este proyecto recoge una vieja idea que viene circulando en el chavismo: cualquiera es comunicador, no necesita un título universitario para ejercer la profesión o, en todo caso, para informar y "hacer" comunicación social.

Las diferencias existen

Los comunicadores manejan una serie de técnicas y conceptos mejor que muchos ciudadanos no especializados, aunque las distancias entre unos y otros a veces se acortan, como se ve en el caso de las redes sociales, donde cualquiera pretende fungir de  "periodista" al difundir "noticias", contenidos y fotos.  

Sin embargo, la naturaleza del medio, las plataformas, los contextos y otros elementos, seguramente contribuirán a esclarecer el panorama con el paso del tiempo. Además, hay que considerar que la comunicación social como profesión abarca un espectro mucho más amplio y profundo que difundir contenidos a través de Twitter, o colocar vídeos en You Tube. 

Por los momentos, la iniciativa de Guisandes no triunfó, pero si lo hace más adelante, podría convertirse en otro duro golpe para una profesión que está al borde del abismo. 

Fuentes: 


(2) Estudio realizado por Carlos Flores y Agrivalca Canelón en Proyecto de Especialización en gestión de la comunicación integral  del postgrado en Comunicación Social de la UCAB (2010).



Estudiantes critican pensum de bachillerato


Cuestionan asignaturas como Geografía Económica y Cátedra Bolivariana, porque repiten contenidos. De hecho, proponen eliminarlas del pensum.

Advierten que Instrucción Premilitar en teoría busca reforzar los valores patrios, el sentido de disciplina, pero en la práctica intenta militarizar al estudiante  y favorecer al gobierno

Piden más materias electivas como  economía o contabilidad,  que permitan iniciar negocios o satisfacer intereses personales

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No pocos bachilleres están inconformes con el pensum académico que culminan estos días. Lo critican a más no poder. 

Lo critican porque presenta materias cuyos contenidos se repiten a lo largo de los años, o porque poseen un enfoque político tendencioso, que favorece al gobierno. 

Lo critican porque no ofrece asignaturas sobre cómo iniciar un negocio o una empresa,  cuando se viven tiempos de desempleo, recesión e inflación. Y lo critican porque no da la oportunidad de escoger asignaturas que respondan a los intereses personales de los propios educando. 

Así lo refleja un breve cuestionario realizado en mayo pasado a 30 estudiantes de 5to año de un colegio privado, que fueron divididos en 7 grupos. El cuestionario buscó profundizar un poco la opinión de los jóvenes sobre el pensum justo cuando el ministerio de Educación realiza una encuesta  a escala nacional sobre la calidad de la enseñanza.

Asignaturas que sobran en el pensum

¿Acaso todas las asignaturas se justifican? ¿Cuáles asignaturas deberían ser eliminadas del pensum de estudio y por qué?, fueron algunas de las preguntas realizadas a los jóvenes.

La mayoría coincidió en denunciar la existencia de asignaturas cuyo contenido se repite a lo largo de los años, por lo cual, se pierde el tiempo. Tal es el caso de Geografía Económica, Cátedra Bolivariana e Instrucción Premilitar.

El grupo B señaló que el contenido de Cátedra Bolivariana se ve en Historia de Venezuela: “Se debería eliminar ya que esta se encuentra incluida generalmente en Historia de Venezuela”.

El caso de Cátedra Bolivariana puede resultar paradójico, por cuanto el país está viviendo un poderoso despliegue propagandístico del culto a Bolívar.  Esta asignatura se instauró en 1983 como un homenaje al bicentenario del natalicio del  Libertador. Pero 30 años después, el nombre de Bolívar está tan manoseado y ruleteado que algunos estudiantes aborrecen al prócer, e incluso critican que los fundamentos de la República se basen en un hombre (Simón Bolívar) y no en unos principios republicanos propiamente dichos.

A propósito de estas observaciones, más allá de las opiniones de los estudiantes, ciertamente cabría preguntarse también por qué en esta asignatura no se abordan contenidos que ofrezcan una mirada crítica a lo que Manuel Caballero denominó “la religión bolivariana”,  a través de obras como El Culto a Bolívar (Germán Carrera Damas) o El Divino Bolívar (Elías Pino Iturrieta). ¿Un sacrilegio?

Geografía Económica también fue bombardeada por los jóvenes. El grupo C señaló que esta materia repite gran parte de los conocimientos vistos en Geografía de Venezuela (9no grado) al igual que Instrucción Premilitar de 5to año prácticamente se convierte en un remake de los contenidos tratados en 4to año.

A propósito de ello, el grupo C indicó: “…el contenido de diferentes asignaturas a través de los años es  muy repetitivo… somos obligados a repetir una y otra vez las actividades que se desarrollan en la zona Costa Montaña de Venezuela…”

Los grupos ven con buenos que se ofrezca al estudiante la posibilidad de escoger asignaturas o conocimientos que más le interesen, después de completar ciertos requisitos, con clases de administración, derecho, economía y otras opciones. Incluso, el grupo B planteó incorporar economía o contabilidad “ya que es de mucha ayuda si se quiere surgir con algún negocio o una empresa”.

¿Malandros uniformados?

Este fue un año marcado por disturbios y protestas a granel. En este contexto la asignatura Instrucción Premilitar, la cual se cursa en 4to y 5to año,  a veces parecía una burla al estudiantado, porque todo lo que planteaba su programa (y el libro de texto) contrastaba dolorosamente con lo que de manera simultánea ocurría en las calles.

En efecto, los cuerpos de seguridad que enfrentaron a los estudiantes en las calles cometieron todo tipo de abusos, demostraron, una vez más, que el Estado de Derecho es letra muerta, al igual que los conceptos utópicos planteados en la asignatura de marras. Docenas de jóvenes fueron apresados y golpeados por los cuerpos de seguridad, los cuales constituyen un punto central de la referida materia. De hecho, en el salón de clases se llegó a pensar que estos organismos (y el Estado mismo) actuaban como malandros uniformados.

La mayor parte de los grupos aceptó la asignatura porque permite conocer aspectos  sobre el funcionamiento correcto de las instituciones del Estado, pero cuestionaron seriamente su enfoque

El grupo B explicó que “…dicha materia contiene una alta tendencia política favorecedora al gobierno, que auspicia el culto al militarismo y a la militarización del estudiantado y el ciudadano. Somos una sociedad en la cual el militar ha tenido una gran relevancia histórica, no siempre satisfactoria para el ejercicio de la democracia”. También señaló que la materia busca  “mantener el concepto de la sociedad comandada por el caudillo”.  

El grupo A propuso eliminarla del pensum: “Consideramos que no existe ninguna justificación ni argumento para dictar esta cátedra en ninguno de los años escolares. La práctica y el conocimiento militar no deberían ser una obligación, sino que el estudio de ésta, al igual que todas las carreras, debería ser una elección libre en base al gusto de la persona. También concordamos en que esta materia debería ser reemplazada por una que se encargue de brindar una educación cívica, es decir, la formación ciudadana dirigida hacia la convivencia social, las obligaciones y derechos de quienes la conforman, los aspectos culturales del país, las leyes, entre otros, evadiendo el aspecto militar”.

En fin, son opiniones razonadas. Como la muestra del cuestionario es muy pequeña no permite hacer proyecciones a escala regional o nacional, no obstante ofrece aspectos cualitativos que pueden servir para comprender lo que tal vez late en la mente de millones de bachilleres.

¿Escuchará el ministerio de Educación las peticiones de estos y otros estudiantes que piensan de la misma manera?



Solo el tiempo lo dirá.